Crónica de viaje

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Ella creyó que, como casi siempre, aquel era un gesto de solidaridad. Había salido tarde para la “botella”, pero confió en la buena voluntad de los choferes que, un día detrás de otro, posibilitaban su traslado entre Chambas y Ciego de Ávila. Por eso corrió rápido, se montó ágilmente y ya estaba dando las gracias cuando la frase, practicada hasta el infinito y espetada sin rubor, le congeló la sonrisa de gratitud y la sensación de esperanza.
– Son 20 pesos hasta Chambas.
La mueca en el rostro precedió a la avalancha. Todavía no sabe de donde salieron los argumentos, no se explica como el valor le alcanzó para tanto. A fin de cuentas, la opción de bajarse también parecía sensata. Mas, por un momento, el pequeño vehículo se convirtió en una sala de lo penal, y acusado y acusador se vieron las caras, como en un desafío.
-Usted sabe que no puede hacer eso en un carro estatal, ¿verdad? Esto es una ilegalidad. Además, usted no me conoce, ¿y si yo fuera inspectora, o policía? A esta hora se supone que ya este vehículo esté parqueado, y lo más probable es que su jefe haya confiado en usted, y sin embargo, mire lo que hace- adujo ella.
– Oiga jovencita, yo compro el petróleo para hacer esto, ¿ok?- pretendió justificar el chofer.
-Pues es peor entonces, porque eso tampoco es legal- ripostó la casi fiscal.
– Bueno, está bien, no pague nada- rezongó el tipo que, a las claras, prefería evitarse el responso, aunque perdiera sus 20 pesos.
Continuaron viaje en silencio, pero en el aire se respiraba, por una parte, cierto aroma de triunfo y, por otra, el tufillo de la resignación. Resultó que la lección de moralidad a la muchacha le valió que la llevaran hasta la puerta de su casa, gratis. Después de todo hasta se podría admitir que el “botero estatal” tenia “buen” corazón, si no fuera por la frase lapidaria con que pareció cerrar el capítulo. Con absoluta naturalidad y sin asomo de remordimiento, dijo a su copiloto:
– Vamos a virar pa’ la Terminal, a ver si recogemos pasaje…

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

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