Extraordinario = Normal

Ajedrez

Él me mira con sus ojos profundos, extrañado por mi presencia, pero sin la timidez que podría esperarse a su edad. He interrumpido el esparcimiento, les he dicho que hagan de cuentas que no estoy, que sigan en lo suyo, pero él no obedece. Supongo que es rarísimo que una desconocida llegue, así, sin avisar, a la escuela y comience a retratarlos así, también sin avisar.
Sobre el tablero hay una batalla a muerte. Una muerte simbólica, he de aclarar. Todavía no conocen qué es un gambito, ni qué una apertura siciliana. Sin embargo pasan el tiempo tratando de poner en jaque al rey o, por lo menos, hacer que uno de los peones llegue al reino de enfrente y reclame el rescate de alguna dama distinguida.
Viven en un pueblito rural nombrado Orlando González, en Majagua, y de memoria conocen la historia del joven que murió por la aspiración de que ellos tuvieran una escuela (como la que tienen) y que aprendieran, entre otras cosas, a jugar ajedrez.
Su pose retadora e intrigada, al mismo tiempo, parece preguntarme qué hay de extraordinario en que, a la hora del receso, seis niños de su edad se reúnan en la biblioteca y se adentren en un mundo en blanco y negro, de torres y alfiles. Y dejo de fotografiarlos, y me quedo ensimismada en las casillas verdes, estremecida por esa mirada que, probablemente, no haya visto mayor tragedia que un rey de plástico tendido sobre un suelo cuadriculado.
O tal vez sí haya sufrido esas otras penas, inevitables, como cuando se pierde un abuelo o un padre, incluso una mascota. Mas, nunca le morderán la carne y el alma aquellas de tener que buscar en la basura el pedazo de pan viejo que amanse el hambre, ni morirá de una muerte prosaica, como la tuberculosis.
Él me mira con sus ojos profundos y le devuelvo, apenas con una sonrisa y un ademán, la certidumbre de lo extraordinario convertido en cotidiano, en “normal”.

Anuncios

Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s