Fuerte y amargo

Y él, que solo quería un café, una simple tacita del brebaje desperezador, tuvo que dar la media vuelta y tragar en seco. Primero le dijeron que no tenían azúcar, ni un grano. En el establecimiento contiguo la escusa fue otra: “demora”, “¿cuánto mas o menos, se puede esperar?”, “le dije que demora”.
No era de madrugada, ni siquiera de noche. Acababa de amanecer y la garganta, el cuerpo todo le pedía un sorbo del líquido negro y humeante, como si se tratara de un ritual para comenzar la jornada o de un aceite esencial. Dije que amanecía, pero no fui exacta. En realidad eran casi las 8:00 de la mañana, o sea, tal urgencia (y los adictos a la cafeína no me dejarán mentir) estaba totalmente justificada.
El solo quería un café, lo pagaría en divisas, en un establecimiento estatal, pero no pudo. “Si al menos me hubiera pasado como a Arjona, no me sentiría tan ofendido” ─  se explicaba aludiendo al tema musical del guatemalteco que dice algo así como solo quería un café, pero te vi─ para luego agregar: “enamorarse a primera vista es una de las pocas cosas en este mundo que puede ser mejor que un café fuerte al despertar”.
De habérselo permitido hubiera unificado las dos cafeterías. A fin de cuentas en una faltaba un insumo y en la otra disposición. Lo de la disposición y la actitud ante el trabajo no lo entendía, sin embargo no se atormentó con esa idea. Mas, que faltara el azúcar, ¡precisamente el azúcar!, le causaba una desazón y un extrañamiento suspicaz. “¿Habrá que importarla?”, murmuró y sonrió con sorna.
En definitiva, ninguna de las dos entidades ofrecían el servicio, tan sencillo y a la vez vital. No obstante, lo que más lo irritó fue la forma descarada, abusiva en la que lo mal atendieron. Pensó en invocar sus derechos, en exigir un buen trato, tuvo en la punta de la lengua, incluso, una frase hiriente que le devolviera la dignidad. “¡Vamos, que solo es un café!”, decía para sus adentros.
Allá donde vive, unos grados más al norte en la latitud y otros tantos al oeste en la longitud, según comentó, muy pocos se dan el lujo de perder un cliente potencial, ¡uno solo!, por la pedestre razón de que falte una cucharadita de azúcar, y muchísimo menos porque un dependiente desmotivado prefiera permanecer sentado y darle la espalda a quien demanda un servicio.
Azuzado por la incertidumbre y por los comentarios de testigos presenciales, se preguntó si habría sido diferente con alguien que a las claras se reconociera como extranjero, digamos un europeo, rubio y rosado, con escaso dominio del idioma español. En honor a la verdad lo cubano no se le despinta y él es feliz por eso, pero prefirió creer que tales exabruptos le suceden a cualquiera, un día cualquiera en que el almacenero no dejó la llave o que la cafetera estaba sucia, o rota, o guardada y el dependiente se sentía mal, muy mal.
Ese pensamiento lo acompañó durante sus vacaciones. Lo habría olvidado, de no ser por otro trago amargo, fuerte, que sí se tomó. A pesar de que la agencia donde rentó el carro tiene oficinas en todo el país, y lo lógico es que pueda dejarlo en cualquiera de ellas, casi que lo obligaron a llevar un pasajero de más, encargado de regresar el auto hasta el lugar de origen. Al impuesto inquilino hubo que pagarle hasta el almuerzo. Esa fue la gota que desbordó la copa.

No lo dijo, pero es probable que no regrese. Entre el calor y los desencuentros se ha dado por vencido. Solo quería un café y no había, o no quisieron que hubiera, que no es lo mismo, pero es igual.

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

Un comentario sobre “Fuerte y amargo”

  1. Hola amiga. Esta es una de las tantas historias cotidianas del cubano. Dependientes que te atienden sin mirarte a la cara, sin un gracias, vuelva pronto, y un largo de etcéteras. Lamentablemente todo queda en un programa de la mesa redonda cada cierto tiempo sobre Indisciplinas sociales, o Retos de la Gastronomía para el 2015, o en un reportaje superficial en el NTV donde nunca se mencionan los verdaderos culpables y se limitan a arañar la superficie de un mal extendido en nuestra sociedad, nada más.
    Seguimos teniendo administradores de cafeterías y entidades que no se toman un momento para observar el diario de su establecimiento, para llamar las cosas por su nombre, para exigir una buena atención.
    Recuerdo cierto administrador que luego de que un cliente le plantera una queja, al marcharse este le comentaba al mesero: “no cojas luchas que ese es un cuadra’o”.

    Duele ver en el NTV las noticias sobre accidentes en los que están involucrados camiones particulares de transporte de pasajeros, pero duele más aún saber que es un terreno de nadie, donde lo que manda es el rey billete, sin normas, sin pruebas rigurosas de conducción, sin análisis de conducta social, en fin, pudiera extenderme mucho en mi comentario y ya me estoy saliendo del tema.

    Solo decirte, excelente artículo.
    Un abrazo.

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