#EnLaRuta22: Indolencia

Ella casi corría con el bebito en brazos. Era jueves, pasadas las 5:00 pm. En media hora sería de noche. Una llovizna pertinaz amenazaba con convertirse en aguacero. La guagua de la ruta 22, como siempre, iba llena.

En un gesto  no muy usual en su gremio, el chofer del ómnibus decidió detener la marcha y recoger a la muchacha que corría con el bebito en brazos. Parecía lo más difícil.

Sin embargo, cuando la lógica, el sentido común y las normas sociales obligaban al resto de los pasajeros a ceder el asiento a la joven madre, incapaz de mantener el equilibrio y sostenerse, ocurrió lo que no debió ocurrir.

Nadie. Ni la señora que , como en un trono, ocupaba el primero de los asientos. Ni el adolescente que puso cara de yo no fui, mirando a los celajes. Ni el recluta que cargaba una pesada mochila. Nadie hizo siquiera el intento por ofrecer su puesto.

De pie, a su lado, después de demandar el derecho de la muchacha sin obtener respuestas, solo atiné a abrazarla. Así hicimos el viaje ella y yo. Ella sosteniendo a su bebito. Yo sosteniéndola a ella…

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