Cubanos en Costa Rica: a medio camino de un incierto viaje

maparuta

En lo adelante, mi amigo, que es el protagonista de este relato, se llamará JP. Me ha pedido que no publique su nombre y he accedido porque, a fin de cuentas, la que narra no es su historia. O sea, sí que la es: la ha vivido en carne y nervios. Pero la comparte con otros muchos y, como el hambre, repartida toca a más. En definitiva no es una historia, sino las historias.

Ahora mismo en Peñas Blancas y La Cruz, dos pueblitos de la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, hay más de 3000 cubanos a la espera  de una decisión que nadie sabe cuál será. JP es uno de ellos.

En San Salvador, a estas horas, los cancilleres de Centroamérica tratan de hallar una vía para que esos hombres, mujeres, niños y niñas, lleguen al destino que escogieron sin más sobresaltos que los ya sufridos. Mientras espera que las noticias le den buenas noticias, JP me cuenta los azares del último mes.

“Llegué a Ecuador el día 1ro. de noviembre, a las 9:30, en un vuelo directo de la aerolínea Tame. En el aeropuerto a mi hermano que es médico no le preguntaron casi nada, pero a mí me hicieron muchas preguntas. Eran las normales, yo estaba preparado, pero las repetían para ver si cambiaba de versión. Nos recogió un amigo de un amigo. En total éramos cuatro.

“El hombre enseguida nos presentó un coyote, pero a mí no me cuadró el precio: 1650 por cada uno hasta Puerto Obaldia. Ya sabía la experiencia de un primo y no acepté la primera oferta. Nos fuimos a comer con el coyote, pero no tranzamos. Al regreso al hostal acordamos seguir solos.

“Les dije a los demás ‘claven el money que nosotros no vinimos a pasear ni a dormir’. Eran las 10:00 de la noche y salimos para la calle. Cogimos un taxi hasta Tulcán, en la frontera con Colombia. Nos cobraron 100 dólares por los cuatro.

“A las 2:30 am estábamos llegando y nos pararon unos retenes de Ecuador. Bajaron a mi hermano y se lo llevaron a un lado. A los cinco minutos vino y nos dijo, ‘oye están pidiendo 100 por cada uno pa seguir’. Fuimos para donde estaban y les dijimos que no teníamos ese dinero. Y uno de ellos dijo que si revisaba el maletín sabía que encontraría más, que no éramos turistas, sino que intentábamos cruzar y que o pagábamos o nos metíamos la noche completa ahí.

“Hicieron virar al taxi. Le pagamos y uno de ellos mismos llamó otro. Estábamos a dos kilómetros de Tulcán. En lo que llegaba el taxi nos preguntaron si alguien nos llevaba y dijimos que no. ‘Ustedes están locos’, nos dijo, y después nos explicó qué debíamos hacer.

“Eran como las 3:00 am cuando llegó el taxi y nos fuimos para la terminal, porque las busetas para Colombia salían a eso de las 7:00 o 8:00 de la mañana. Llegamos a la terminal y nos tiramos en el piso.

“Cerca de las 6:30 am vimos un viejo que cambiaba dinero y nos estafó. Nos ganó más de 20 pesos a cada uno. Le preguntamos cómo se podía pasar la frontera y nos presentó a un tipo que se dedica a eso. Ahí todo el mundo se conoce. Ese coyote nos montó en un carro y se puso a llamar por teléfono.

“A esa hora yo tenía un sueño tremendo, pero había que tener los ojos open por si cualquier cosa. El tipo estuvo 30 minutos parado hasta que lo llamaron. Salió y se metió en un callejón; había dos carros y nos dijeron, dos en cada uno, pero le dije que no, los cuatro juntos, y así hicimos. Los maletines iban en el otro.

“Se pusieron a dar vueltas, a llamarse por teléfono, y en una de esas el chamaco se persignó, aceleró, luego se persignó otra vez y dijo ‘bienvenido a Colombia’.

“Estábamos en Ipiales, nos llevó a una cuartería y llegó el chofer del otro carro, que era el jefe, un muchacho como de 30 años. Empezamos a hablar. Metió una muela que pa´ qué. Me enamoró, vaya. Me dijo que nos llevaba hasta Medellín por 600 cada uno y allá me entregaba con una mujer que conocía un lanchero, que nos cruzaría a Panamá, por 600 dólares más. Bueno, la muela del loco me la salto, le dije que queríamos salir de ahí rápido.

“Eso fue el día 2 de noviembre a las 10:30 de la mañana. Me dijo ‘ok duerman’, nos dio desayuno y nos mandó a hacer almuerzo. Dormimos porque estábamos muertos. ¡Ah! me compró una línea de teléfono.
– ¿El coyote?
– Sí, y a las 12:10 del mediodía llama y me dice JP, prepara que nos vamos.

“Nos montó en el carro y salimos; a los 15 minutos parqueó al lado de un camión estacionado en la orilla de la carretera y dijo: ‘entren’. Tiró dos cajas de pomos de agua y una jaba con frutas. En eso llegó otro carro con dos nepalíes que se unieron a nosotros. Te juro que yo hablo más inglés que ellos.

“El camión estaba forrado con lona y cargado de sacos de cebo de vaca. Salimos como a la una de la madrugada y estuvimos dando rueda una hora y media más o menos. A los 10 minutos empecé a vomitar. Aquel olor era insoportable.

“En el camino a cada rato paraban el camión: la policía. Teníamos que escondernos debajo del cebo de vaca. Pero valió la pena, ningún retén nos descubrió. Te cuento esto rápido, pero estuvimos 20 horas dando rueda. A las 2:30 de la mañana paró el camión, pensamos que era por la policía otra vez, pero se demoraba y se demoraba. Y sacamos una conclusión: el tipo estaba durmiendo.

“A las 6:30 am arrancó y al ratico nos dice, ‘listo parcero, listo’. Bajamos directo para un carro ligero. Luego, ya estábamos en Cali. Nos condujo hasta una casa muy maltrecha, donde había más cubanos. Ahí no estuvimos mucho tiempo; como a las 12:00 volvieron a decir vamos. Y otra vez sin almorzar.

“Tomamos una buseta a Medellín y ahí empezó el chucho de los retenes. En el primero nos pararon, pidieron cédula y tuvimos que bajar. Le dimos 20 dólares y seguimos. En el próximo pagamos 50. Los siguientes dos 100. El último pidió 200, pero le dimos 100, por cada uno.

“Se puso feo el camino, muchas lomas y el chofer iba a mil, adelantaba en las curvas, te confieso que me dio mucho miedo. A eso de las 9:00 pm llegó la guagua aquella a Medellín, tremenda ciudad. Fuimos para la casa de una mujer, nos bañamos, cominos y al otro día por la noche nos fuimos para Necoclí.

“En ese lugar nos bajaron de la guagua como a las 6:00 de la mañana, y fuimos corriendo para el monte; hasta cercas electrificadas tuvimos que cruzar. Después de andar en el medio de la selva aquella llegamos a la costa y ahí nos recogió una lancha.

“Se suponía que iríamos hasta Puerto Obaldia, pero nos dejaron antes, en una loma donde salieron unos negritos y hubo que pagarles 40 dólares para que nos guiaran. Llegamos a playa La miel, eso ya es tranquilidad, es Panamá, y ahí vimos por primera vez a cerca de 300 cubanos que andaban en las mismas.

“Las autoridades panameñas nos tomaron los datos y al otro día, en lancha, por fin conocimos Puerto Obaldia. Estuvimos tres días allí, y el 8 de noviembre cogimos la avioneta hasta Ciudad Panamá. En el aeropuerto solo demoramos 20 minutos. Salimos a la terminal y a las 5:30 de la tarde estábamos montados en una guagua rumbo a Paso Canoas. Llegamos allí a las 2:00 am del día 9 y el 11 Costa Rica dijo que no daría visas y ahí empezó todo esto.”

El gobierno tico, finalmente, sí concedió visas temporales a los cubanos que en Paso Canoas interrumpieron el tráfico y exigieron continuar el viaje. El domingo 16, en Peñas Blancas, 800 emigrantes violentaron el puesto fronterizo con Nicaragua y fueron repelidos por la fuerza . El estado nica se niega a dejarlos entrar a su territorio, rumbo al Norte, donde están convencidos que lograrán una vida mejor.
Desde entonces el número ha ido creciendo. De 1917 el domingo, eran 2500 el viernes. Hoy se estiman sean 3100. Han sido acogidos por las autoridades ticas y socorridos por la población de la zona y la Cruz Roja.

“Estoy en una escuela y nos dieron colchones y comida, pero hay gente en parques, iglesias. Esto es un pueblo que se llama La Cruz, a 20 kilómetros de la frontera. Aquí la gente nos apoya, hay, incluso, una señora que nos lava la ropa gratis, aunque siempre le damos algún dinerito”.
JP está a medio camino de su sueño y ha gastado 3000 dólares en el intento.

Notas al pie:

Esto dijo Nicaragua
Y así respondió Costa Rica

Finalmente, esto fue lo que trascendió ayer, luego de la reunión de cancilleres

Mientras, la gente sigue así:

 

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

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