¡Dame un electroshock y después hablamos de pelota!

triunfan los tigres

El out 27 es un electroshock, un corrientazo en la memoria. Después, todo es alzheimer feliz, euforia que borra la incertidumbre, los miedos, el vértigo. Cuando el batazo de línea de Michael González murió en el guante de Raulito, no hubo tiempo para pensar.

Con la mente en blanco se tiró la gente y el equipo al terreno del Cepero, a llenarla con los nuevos recuerdos, las alegrías del momento, el selfie apurado, abrazos sudorosos, gestos de victoria delante de las cámaras, besos furtivos; una suerte de dejavú, pues, en similares fechas un año atrás, también se hizo la magia.

Antes, hubo velas encendidas, tabacos y vasos con ron para los santos en los rincones. Hubo plegarias al dios de los jonrones, al de los hits en tres y dos, y al de los sliders bajitos y afuera. Hubo intercambio de gorras, palabras de aliento, de energías. Hubo agua desde el banco mojando el terreno húmedo de un estadio que lamenta la rigidez del concreto, que no le permite crecer por el jardín derecho como mismo crece la pasión.

ciego Campeon3 Luego, en la calle, continuó la desmemoria, y nadie reprochó los ponches a la hora buena, ni el error que mandó la serie a seis juegos, ni la pobre ofensiva que tejió y destejió cábalas antes del séptimo partido. Para eso, dirán muchos, ya habrá tiempo (por ejemplo, los próximos 90 juegos de la serie LVI).

Más tarde, los calderos sonaron hasta perder el fondo. De cada colcha, alfombra, tapiz, juguete, cartel saltaron tigres blancos, amarillos, naranjas, gatos con ínfulas de selva, perros travestidos. Fue menos oscura la noche por las lucecitas pálidas de los celulares. Ahora, ya saben, los teléfonos y los tablets son eficientes “pastillas” contra el olvido.

La gente vibró con espontaneidad, con ganas. En este punto tendremos que coincidir: no se puede obligar a nadie a estar feliz, a salir en bata de casa o ropa de dormir a ver pasar, en una fracción de minuto, a los muchachos que ratos antes habían devuelto el mes de abril.

Por muy de capa caída que ande la Serie Nacional de Béisbol, necesitando diálisis cada tres días porque la sangre fresca de sus muchachos se va a otro lado a hacer latir otro corazón, basta con que se conjuren los tres últimos outs, en el final de la final, y todo queda a la espera de la nueva temporada.

Aguardarán hasta entonces las críticas a las múltiples paradas durante el campeonato; a la estructura que no acaba de encontrar un molde; a la zona de strike que no es zona, ni área, ni perímetro; a la falta de estímulos e incentivos; a las incoherencias de los que mandan en el deporte más lindo del mundo, con perdón de los Messi y los Cristianos…

No te pierdas el out 27 y lo que vino después

 

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

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