Oscuros temores

Esas ocasiones en las que te dicen: tengo una noticia buena y una mala, ¿cuál quieres primero?

Desde el Palacio de las Convenciones, donde sesiona la Asamblea Nacional del Poder Popular llega, ahora, el argumento que pedía a gritos la ciudadanía desde que comenzó a rodar en forma de rumor la idea de que regresarían los apagones.

“Un complejo panorama impacta los ingresos del país y marca el comportamiento de la economía en el primer semestre del año, aunque con la garantía de que serán protegidos los servicios básicos de la población”, trascendió en la prensa nacional.

Apenas la reminiscencia de los aciagos tiempos en que “la luz” era casi un privilegio y se vivía con lo justo —utilizo un eufemismo para no perderme en los vericuetos que conducen a describir el desasosiego y las circunstancias de precariedad que nos marcaron para siempre— zarandeó la parsimonia en la que sumamos un día detrás de otro, como si temblara la tierra bajo los pies. Tiene tanto de sismo la escasez.

Bastaron las indicaciones al sector empresarial y presupuestado de recortar al 50 por ciento las asignaciones de combustible y energía eléctrica, para que se volviera teorema el concepto de proporcionalidad de magnitudes, ya saben, por aquello de directamente proporcionales. Sin más datos a la mano, los malintencionados, y hasta los bienintencionados, dieron cordel a la bestia negra del recuerdo, retrotrayéndose a los años más difíciles del Período Especial — hágase otra vez el eufemismo—.

Porque, otra vez, dejamos para luego la enunciación oportuna y pública de los asuntos que conciernen a todos. ¿Acaso no se podía predecir que decisiones de esta naturaleza, aunque aplicadas al ámbito no residencial, provocarían, cuando menos, la incertidumbre?  Es como si se tratara de esas ocasiones en las que te dicen: tengo una noticia buena y una mala, ¿cuál quieres primero?, y después de empezar por la mala nunca cuentan la buena. O la buena no es tan buena, que no es lo mismo, pero es igual.

Me han dicho que algunas personas lloraron, se estresaron de más (lo vivimos, ciertas dosis de estrés son congénitas), comenzaron a pensar en alternativas, que si no hay lámparas recargables en las tiendas, que si las velas ahora se pierden, que esto no puede ser !Dios mío!….

En la Comisión de Asuntos Económicos, el Ministro de Economía y Planificación cubano, Marino Murillo Jorge, explicó  que el país  enfrenta una “situación tensa de liquidez, lo cual no es nuevo para nuestro país, pero llega en pleno proceso de actualización de nuestro modelo económico y tiene determinadas causas que lo generan, entre las que destacó la caída de los precios del petróleo, el incumplimiento de la producción azucarera por cambios climáticos y que los precios del níquel que se encuentran rosando los costos”, de acuerdo con la página oficial del parlamento cubano en Facebook.

Además, “llamó al uso estricto y más eficiente de los portadores energéticos y recalcó que el país continuará respaldando los servicios vitales a la población”, según publicó la Agencia Cubana de Noticias.

Si, en definitiva, el desempeño económico del país está tan sujeto a las turbulencias del panorama internacional (créditos por vencer, situación política y económica en Venezuela, caída de los precios de las materias primas), como a las ineficiencias internas (malas planificaciones, incumplimientos, corrupción), y ninguna de las causales es desconocida para los ciudadanos, no habría sido del todo una novedad anunciar y explicar antes de la entrada en vigor de lo dispuesto, el arrecio de la austeridad —que nos ha definido casi tanto como la sempiterna vocación de soberanía—.

En virtud de que no se anunció el regreso de los apagones, tampoco se ha aclarado en esos términos la actual circunstancia, mas todo apunta a que no se llegará a tales extremos. La reducción de los combustibles y la energía tendrá, eso sí, efectos en la capacidad productiva de las entidades y la consecuente remuneración de sus trabajadores. Sin embargo, y muy a pesar de los argumentos ahora compartidos, siempre que falle la electricidad, sea por una rotura, reparación o por un tímido aguacero (al estilo orín de rana), habrá quien tema lo peor.

Y ese miedo no es poca cosa.

 

 

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

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