El huevo, la gallina, los constructores indios y los !1000 euros!

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Un centenar de operarios indios participan en la construcción de  hoteles en Cuba. Foto: Reuter

Arropados en un llamativo uniforme anaranjado, casi fosforescente, los indios de La Habana se hicieron notar nada más que se bajaron del transporte que los llevó hasta el edificio en construcción. Los indios de La Habana no son tatatatatataranietos de Habaguanex, como podría suponerse. Los indios de La Habana son de la India (y tampoco comen carne de res). 

Vinieron a terminar lo que los constructores cubanos no han podido. Dijo Juventud Rebelde que hay un hotel, el Conchas II, entre varios inconclusos, que ha tenido muchos problemas con la mano de obra y que por eso una empresa francesa, con nombre francés (Bouygues) los trajo, no sé de dónde (supongo que no de la India) para que recuperaran el atraso.

A mí me parece que los indios no viven en facilidades temporales creadas al uso ni en albergues, aunque es probable que tampoco estén hospedados en hoteles. La cosa es que los franceses los contrataron, les pagaron el boleto de avión (que ni en clase turista es barato), deben estarles pagando el alojamiento y la comida, y un salario superior a los 1000 euros.

!1000 euros!

Y todo porque los albañiles cubanos no rinden, entiéndase no tienen “disciplina en el aprovechamiento de la jornada laboral y los procesos productivos”, ni quieren trabajar con el Estado, porque “los salarios todavía no son competitivos comparados con el mismo oficio en otras formas de gestión no estatales”.

Entonces, el verdadero problema es que a los albañiles cubanos no les pagan 1000 euros al mes. Ni siquiera en organizaciones constructoras como la UCM (Unión Constructora Militar), lo devengado se acerca a esa cifra. Qué quedará entonces para las brigadas constructoras del Poder Popular en las provincias, a las que no se les encarga hoteles, pero sí escuelas, círculos infantiles, bodegas, policlínicos, hospitales, parques, estadios, viviendas…

El jovencito Yeadnierky Brook, de apenas 20 años,  graduado de albañil en  un politécnico  de Ciego de Ávila me dijo el día que lo conocí, mientras le daba fino a una pared del círculo infantil del reparto Villamil, en Morón, que se fue del cayo (Cayo Coco donde la UCM tiene objetos de obra), porque no quería seguir con ese régimen de levantarse tan temprano o dormir en el albergue. Pero que en la brigada a la que pertenece ahora no tenía ni frotas y que el mes anterior a nuestra conversación, por demora en la llegada de los materiales, había cobrado 200 pesos.

Yo no sé a cómo le pagan el bloque a los operarios indios, pero no debe ser a centavos como en el sector estatal, vaya, ni a dos o tres pesos como lo cobran los cuentapropistas.

En la mesa redonda del 19 de septiembre de 2013, las autoridades del Ministerio de la Construcción aseguraron que en la última década, contando desde ese momento para atrás, la productividad se había duplicado y el salario rondaba los 1200 pesos mensuales, siempre con tendencia creciente. Pero que, no obstante, se mantenía el handicap de la fluctuación y pérdida de trabajadores, estimada en un 40 por ciento; de ese total la mitad circulaba dentro del sistema de entidades del ministerio y la otra abandonaba el sector. Todo ello, según los expertos, motivado por la apertura, desde 2010, del trabajo por cuenta propia, lo que obliga al MICONS a contratar al año unos 20 000 nuevos operarios que, por supuesto, poseen “menos habilidades y competencias”.

Autocríticamente, las autoridades constructoras en Cuba reconocieron que el otro gran problema es la organización del trabajo y la utilización del tiempo. “Se conoce de la complejidad del proceso de la construcción, por su requerimiento de hacer coincidir en un mismo momento diversos recursos: trabajadores de calificaciones específicas, equipos de construcción y de transporte y una amplia gama de materiales, lo cual requiere de un preciso sistema de dirección, donde intervienen la planificación, la organización, el mando y el control, aspectos estos que no siempre funcionan integralmente, donde inciden problemas de carácter objetivos y una gran parte subjetivos”.

En mi opinión, estos argumentos debían estar escritos en orden inverso, o como mínimo, en paralelo (al estilo del viejo dilema del huevo y la gallina) porque, en buena lid, las fallas en la planificación y control, y los atrasos en la llegada de los materiales, también producen la fluctuación de una fuerza de trabajo que no puede esperar a que se alineen las condiciones objetivas y subjetivas que garanticen su fuente de ingreso.

Entonces, digo yo, lo que debimos contratar no eran operarios indios, sino jefes de obra, planificadores, controladores…

Para comenzar a paliar la circunstancia (que derivó, como es el caso, en buscar capital humano foráneo, atenidos a facilidades contempladas en la Ley de Inversión Extranjera aprobada en 2014), el MICONS se planteó seis frentes, a saber:

  • superación del personal contratado
  • participación en la formación de los nuevos constructores
  • utilización de la población penitenciaria como fuerza de trabajo
  • implementación del Servicio Militar Alternativo en acciones de la construcción
  • cooperación entre entidades del organismo
  • incremento del salario de los operarios de acuerdo, “a través de la aplicación del Coeficiente de Interés Económico Social para el sistema empresarial que va de un 30 a un 50 % del salario; el pago por años de servicios para las empresas constructoras, de un 5 a un 10 % del salario; la incorporación de las organizaciones al sistema de perfeccionamiento empresarial, que permite recibir un pago adicional de 75 a 200 pesos mensuales; y la aplicación excepcional de sistemas de estimulación en CUC para obras donde sea factible que puedan generar ingresos futuros.

Como el cuento del orgasmo del cerdo… se acuerdan de los !1000 euros!

En octubre del año pasado, durante un recorrido por el polo turístico Jardines del Rey (que se prevé crezca en 20 000 habitaciones en la próxima década), el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, Ulises Guilarte, “indagó sobre la permanencia de la fuerza laboral en la Empresa Constructora de Obras para el Turismo, enclavada en Cayo Coco. Se conoció que la fluctuación mensual oscila entre 100 y 150 trabajadores, principalmente de albañiles B y aprendices”.

Allí, el 68 por ciento del personal está albergado y el sistema de pago es muy rígido, poco entendible y tiene muchas condicionantes, cuando en realidad el obrero en adiestramiento demuestra sus habilidades después de los seis meses de trabajo, reportó Invasor.

“Aunque el asunto ya está en proceso de análisis  hay que buscar una fórmula porque el constructor no abunda para decir que vamos a reducir el personal albergado. En Varadero, por ejemplo, por cada 10 trabajadores que entran, cuatro se van, y estos son polos donde se están introduciendo tecnologías de la construcción del primer mundo. La mayor fluctuación radica en los oficios en los cuales no se ha recibido el impacto de las mejoras tecnológicas, pues el albañil sigue cargando a mano el bloque y enchapando con altos niveles de exigencia en la calidad; sin embargo, recibe menos estimulación salarial, a pesar de que es quien inicia y termina la obra”, aseguró el sindicalista.

Hace menos de un mes, directivos de la Empresa Inmobiliaria ALMEST aseguraron que se está realizando un estudio para la aplicación de un nuevo sistema de pago, como una de las maneras de detener la fluctuación del recurso humano. “No se tratará de una reforma salarial, sino de pago por rendimientos. No obstante,  con subir el salario no basta para mejorar la eficiencia. Junto con la implementación de esa modalidad de remuneración debe elevarse la exigencia, el rigor de la disciplina tanto laboral como tecnológica.”

También explicaron que el rendimiento de los trabajadores de la India en las obras es tres o cuatro veces superior al registrado como media en el país. “El resultado de su trabajo es de muy alta calidad. Su presencia está impregnando un alto aprovechamiento de la jornada laboral, lo que redunda en una mayor productividad”.

La pregunta que me gustaría hacerles a los indios, sin embargo, es si trabajarían con igual eficiencia y calidad por un salario 10 veces menor.

Las primeras veces que pregunté por un probable aumento salarial (en mi gremio, primero, y de manera global después), la respuesta siempre fue que debía aumentar primero la productividad como vehículo para la generación de riquezas, que luego sería repartida entre todos, según un principio equitativo donde el que más aportara ganaría más.

El asunto me pareció, ipso facto, la diatriba del huevo y la gallina, porque se supone que el principal incentivo para el trabajo sea la remuneración y de ahí se alcance entonces mayor compromiso con el deber y mejores resultados cualitativos y cuantitativos. Pero yo, está claro, no sé mucho de estas cosas.

Cuando estaba casi convencida de que, en efecto, no se puede pagar más hasta que no tengamos generada la riqueza, porque si no entonces la inflación y la escasez provocada por la demanda…, aparecieron los franceses que trajeron a los indios y su salario de 1000 euros.

Otra vez,… !1000 euros!

Y ya no entendí nada.

 

 

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

3 thoughts on “El huevo, la gallina, los constructores indios y los !1000 euros!”

  1. Sayli sobre este tema ya he laido varias veces y siempre me pasa lo mismo que a usted , como dice la canción, no entiendo absolutamente nada, te imaginas si los trabajadores hoteleros comiencen a trasladarse al sector privado en buscas de mejores retribuciones, a cuantos indios van a traer y cuanto le irán a pagar, nada, aperturas al capital y las inversiones extranjeras versus soberanía.

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