Íntimas suposiciones

Ilustración de Alfredo Martirena sobre distribución de almohadillas sanitarias.

Si yo pudiera lograr retrasar mi período menstrual sin preocuparme, lo haría. Uno, dos o tres meses. Sería un alivio, lo admito, y me permitiría  ponerme a la par de la entrega de almohadillas sanitarias en la farmacia. Lo lógico es que fuera al revés y ellas se ajustaran a mis necesidades y circunstancias, pero la lógica también está en falta.

〈En Cuba a cada fémina mayor de 12 años (creo) y hasta los 55 (más o menos) le corresponden 10 almohadillas sanitarias (o íntimas) al mes, normadas, por la libreta〉

En 2016, al menos en Ciego de Ávila, los tres últimos meses del año se fueron en blanco, mientras la “señorita escarlata” llegó siempre puntual. En la farmacia pusieron un cartel que decía que por déficit de materia prima no completarían lo que faltaba. Y enero empezó con su asignación como si nada. Y otra vez el ciclo, los ciclos, como si nada… 

A estas alturas habrá quien me lea y diga “bueno y gracias que en enero llegaron a tiempo”, pero como dice Melendi, la cosa no va así. Porque la alternativa fue “fajarse” con los precios abusivos de las tiendas recaudadoras en divisas donde 10 almohadillas hechas en China cuestan 1 CUC≅ 25.00 CUP y  8 almohadillas hechas en Viet Nam cuestan 0.85 ≅ 20.00 CUP; o con el algodón y las mismas almohadillas de contrabando; o de vuelta a la alternativa innombrable del Período Especial.

En los años 90 llegué a la edad de mi primera menstruación y mi mamá y yo debimos usar “pañitos” como almohadillas e, incluso en algún momento, nos vimos obligadas a lavarlos y hervirlos, porque hasta los trapos viejos para hacer “pañitos” escasearon.

Las almohadillas sanitarias que se comercializan normadas en Ciego de Ávila se producen en una de las tres fábricas de  la Empresa de Materiales Higiénico-Sanitarios (Mathisa), ubicada en Sancti Spíritus. Allí, en parte porque el equipamiento era muy viejo y hubo que modernizarlo, y en otra porque hubo “modernización” también del equipo de dirección, según dijeron, a la altura de agosto había un atraso de 2 millones de unidades que lo más probable es que no se recuperara.

Sin embargo en la farmacia aseguraron que era por falta de materia prima, con todo y que el informe de la Industria Ligera al Parlamento cubano el año pasado notificó que se produjeron 42 millones de bolsas de almohadillas sanitarias, con la siguiente acotación: “La tecnología actual no permite la solución definitiva de los problemas de calidad ni los incrementos productivos para la comercialización liberada del producto, para lo que se requerirá realizar inversiones”.

Al asunto de la disponibilidad, después, hay que añadir los sempiternos y cada vez más agudos problemas con la transportación y la escasa capacidad de almacenaje de las farmacias, que según reportó el periódico de Matanzas es otro de los obstáculos en el largo camino entre las almohadillas sanitarias y las mujeres cubanas.

Entonces es de suponer que las íntimas repartidas en enero son, en realidad, las que me tocaban en octubre, una manera muy sencilla para la empresa de ponerse al día, mientras llega el barco, y pasar la página al estilo del consabido borrón y cuenta nueva. Si me aplicaran el mismo procedimiento, digamos, con el pago del refrigerador, yo no me sentiría tan molesta, porque de cierta manera una cosa compensaría la otra. Pero si me demoro en pagar las cuotas del refrigerador me aplican mora, una multica por olvidadiza, sin importar si tuve limitaciones con la “materia prima”, quise decir el salario.

En 2014, la directora general de la empresa Mathisa había dicho que el bloqueo norteamericano a Cuba impedía comprar materia prima (pulpa de celulosa) en Canadá o Estados Unidos, y que un barco demoraba alrededor de 60 días desde Asia. Debe ser, además, que los precios de China y las flexibilidades de pago son mejores que los de Brasil, Uruguay y Chile, tres de los mayores exportadores de celulosa del mundo —o que nuestros vecinos no quieran hacer negocios con nosotros—, o que México, por ejemplo, nos vende el producto terminado, la toalla femenina LadySoft, pero no la celulosa, o… en fin.

El año pasado, en el contexto de la Feria Internacional de La Habana, supimos que una de las empresas  aprobadas para la Zona Especial de Desarrollo Mariel es  la vietnamita Thai Binh Global Investment Corporation S.A., que se concentrará en la  obtención de detergente, almohadillas sanitarias y pa­ñales. Con los anamitas llevamos algún tiempo haciendo negocios y se percataron rapidito rapidito del nicho enorme para sus “intimitas”, que hoy ya son casi las únicas que se comercializan en el mercado interno cubano.

No obstante, la nueva fábrica no va a compensar las deficiencias de Mathisa (cantidad y calidad) y ENCOMED (Empresa Distribuidora y Comercializadora de Medicamentos). No creo que en enero de 2018 en la farmacia me anoten en la libreta un paquetico de 8 unidades producido por Thai Binh. Supongo que a lo más que podré aspirar será a comprarlo en una TRD por un precio inferior al de ahora. Supongo.

PD: Claro que lo lógico sería no depender de una libreta de abastecimiento normado. Pero la lógica….

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s