En Falla no se murió nadie

Irma en Falla

Tomado de Invasor

 

Ella quería regalarle el aguacate, y él que no.

“Es lo único que puedo brindarles”, decía.

Y él que “no señora, guárdelo que usted lo necesita más”.

Parada en el marco donde antes hubo una puerta, María Elena no mira el destrozo tras su espalda, sino al frente. Mira, mas no ve nada. Pareciera memorizar dónde estaba cada una de las pertenencias que ahora yacen debajo de una masa deforme de guano, varas y bloques al que todavía llama “mi casa”.

Pero yo creo que ni siquiera está pensando. 

María Elena sabía que allí no podía quedarse a “esperar” a Irma. El viernes por la tarde, después de salvaguardar algunas cosas y dejar otras a la voluntad de Dios, se fue a la casa de una vecina y tembló y se persignó cada vez que la ventolera infernal golpeó las paredes como un hombre con una mandarria.

Irma en Falla

En Falla, filón de Chambas que conservó su central y la destilería para alegría de obreros y borrachines (sobre todo ahora), el sábado 9 de septiembre, un poco antes del amanecer, una racha de 252 km/h bajó de un tirón a todos los santos.

A esa hora en Júcaro, 95 kilómetros en dirección contraria, también estaba soplando duro y el mar iba “caminando” apurado tierra adentro con mala intención.

Increíblemente se mantuvieron las comunicaciones y los directores de las estaciones meteorológicas de las dos localidades compartían sustos en el segundo en que la “racha histórica” partió por la mitad las antenas y un estruendo y un grito de espanto dejaron al jucareño preguntándose hasta hoy cómo está el fallero.

Están bien, por cierto. Los dos.

No hay cómo saber si ese ramalazo de Irma fue el que machacó la casa de María Elena Jiménez o si ya el amasijo estaba a ras de suelo. Nadie vio si esa masa violenta de aire llevaba consigo las tejas de zinc y fibro de otras viviendas que luego no aparecían en el pueblo. Es mejor no haber visto nada.

Debe ser por eso que María Elena no mira atrás. Atrás está, debajo de una meseta sin terminar, el viejo ventilador coppelita que dicen que venía junto con los refrigeradores rusos para descongelarlos, y vendieron separados. Se mojó un poco, pero cuando salga el sol y lo seque debe echar a andar, como siempre. Si un “dinosaurio” tiene posibilidades de sobrevivir en la era de la industria china es ese.

Sobre la meseta un pomo de sofrito y dos aguacates completan la foto desoladora que es ahora la localidad. “Cógelos mijo, que se van a echar a perder”. Y él que no, que gracias pero no, “déselos a un vecino para que los aproveche”.

Lo otro que quedó atrás fue el altar de María Elena. Los cinco vasos espirituales en el mismo orden que los dejó. El candelabro enhiesto ya sin cera y debajo, descolorida pero reconocible, la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre que la noche anterior debió atender miles de plegarias porque ni en Falla, ni en Punta Alegre, ni en Chambas se murió nadie.

Irma en Falla

 

 

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Publicado por

Sayli

Soy "algo" que todos los días se (re)construye. Debo tener un punto de partida, un botón de inicio quizás, pero no lo encuentro. Tampoco la última orilla ni el malecón que me contiene. Escribo porque no se me da bien la política ni el sexo por dinero, lo cual me mantiene contando centavos, pero me deja dormir en paz.

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