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Fuerte y amargo

Y él, que solo quería un café, una simple tacita del brebaje desperezador, tuvo que dar la media vuelta y tragar en seco. Primero le dijeron que no tenían azúcar, ni un grano. En el establecimiento contiguo la escusa fue otra: “demora”, “¿cuánto mas o menos, se puede esperar?”, “le dije que demora”.
No era de madrugada, ni siquiera de noche. Acababa de amanecer y la garganta, el cuerpo todo le pedía un sorbo del líquido negro y humeante, como si se tratara de un ritual para comenzar la jornada o de un aceite esencial. Dije que amanecía, pero no fui exacta. En realidad eran casi las 8:00 de la mañana, o sea, tal urgencia (y los adictos a la cafeína no me dejarán mentir) estaba totalmente justificada. Continúa leyendo Fuerte y amargo

Sambumbia

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No me gusta el café. No me gusta nada de su ritual. No me gusta el sabor amargo, ni ese aparente temor al acercar la taza, como quien tiene miedo de abrasarse con el humeante brebaje. Dicen que eso es lo lindo del café, que ahí está su magia. Pero no me gusta. Prefiero la sambumbia. Continúa leyendo Sambumbia