#LaFoto: La Luz…

luz

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Extraordinario = Normal

Ajedrez

Él me mira con sus ojos profundos, extrañado por mi presencia, pero sin la timidez que podría esperarse a su edad. He interrumpido el esparcimiento, les he dicho que hagan de cuentas que no estoy, que sigan en lo suyo, pero él no obedece. Supongo que es rarísimo que una desconocida llegue, así, sin avisar, a la escuela y comience a retratarlos así, también sin avisar. Seguir leyendo “Extraordinario = Normal”

De lujos y madres constructoras

rojo Para Daily Sánchez Lemus, una amiga, una madre… que construyó con sus manos a Rojo y Protestón

Hay madres que no lo son. Llevan en el vientre una herida, o en el cuerpo las señas del dolor de parto, pero madres no son.

Hay madres que a la primera dejan al hijo a la buena de Dios, o a la mala, que el mundo ya está bastante jodido como para esperar milagros. Y se  van como si nada. Sin remordimientos. Algo peligroso sucede cuando la gente no tiene remordimientos. Algo definitivo sobrevendrá cuando nadie tenga remordimientos. Seguir leyendo “De lujos y madres constructoras”

Magalis

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Era una biblioteca pequeña, modestísima. Una biblioteca de escuela primaria en pleno Período Especial. Unos cuantos estantes con libros, varias mesas con sus sillas, una pizarra y un piano constituían su mobiliario. Allí íbamos al menos una vez a la semana, durante un turno de clases. Formados, unos detrás de otros, desandábamos el pasillo  en silencio y, al llegar, siempre estaba Magalis. Seguir leyendo “Magalis”

Mi otra Alicia

 

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Con lo prolífico y variopinto que se muestra el registro civil en Cuba, cada vez es menos probable que uno coincida con personas que se llamen igual. Yo, por ejemplo, solo tengo una Mercedes y un Rigoberto en mi vida. Una Maydolis. Un Fabio. Georges tengo unos cuantos, pero el chiste es que nadie los llama así, sino por el segundo nombre, entonces, no cuentan. Ah sí, los Eric, pero eso es obra y gracia de la sociedad patriarcal… ¡y yo soy feminista!
Pero si difícil es coincidir con dos Yumisisleydis en tiempo y espacio, más lo es que las dos, digamos, ejerzan la misma profesión. De manera que me da por sentirme privilegiada cuando pienso en mis dos Alicias maestras. A una de ellas, la primera que conocí, ya le dediqué unas líneas, porque no solo me enseñó los primeros trazos y las vocales, sino el valor de la humildad y el cariño a toda prueba, cuando con sus propias manos cosió unas zapatillas que creo no llegué a utilizar. Seguir leyendo “Mi otra Alicia”