La maga del pan

A los 10 años descubrí que mi mamá era maga. Era 1993 y, en un abracadabra, el Período Especial (que también fue ¿mágico?) desapareció casi todo lo que me gustaba: el refresco de botellas, el pan con croqueta, la leche condensada, las señoritas que papi traía en bandejas…

Yo recuerdo algunas cosas y otras no. Recuerdo, por ejemplo, que fue un tiempo de desencuentros entre mis padres, que discutían mucho, todos los días. Estuve esperando que se divorciaran, como empezó a ser la norma entonces, pero no lo hicieron. De alguna forma se mantuvieron juntos, por nosotras, por ellos. Echaron mano de lo invisible. Y aguantaron.

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Made in MiMamá

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Creo que nunca le dije que en realidad sí era linda. No únicamente porque ante los ojos, en efecto, era agradable, bella. Si no, y sobre todo, porque había en ella tanto de amor y dedicación, tantas horas de empeño, de estudio, de voluntad… No quiere decir que todo lo que se haga con voluntad sea hermoso, que por ahí hay cada engendro voluntarioso que mete miedo. Pero aquella blusita hecha a mano por mi madre estaba linda, solo que ya había pasado su tiempo y la próxima vuelta de la moda demoraría en llegar.

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Alexis Díaz-Pimienta: Con viejos mapas hacia alguna parte

Aclaración:  Si esta entrevista fuera un manojo de uvas habría sacado yo de ellas un excelente vino. En julio de 2013, cinco años hace ya, terminé de poner en blanco y negro las preguntas que quería hacerle a Alexis Díaz-Pimienta, un amigo sumado por ese entonces a la lista de Facebook. En Facebook, es sabido, uno tiene amigos y amigos. Y Díaz-Pimienta empezó siendo lo segundo para terminar, bastante rápido, convirtiéndose en lo primero. El poeta demoró en responder. Luego yo demoré en escribir. Del proceso de añejamiento ha salido este diálogo que, al menos, ojalá tenga buen espíritu.  Confío en la cepa.

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Nunca más

descarga-2No puedo recordar cuándo fue. Ya no logro, ni siquiera, dibujar en mi mente su figura con un cigarro en la mano. Mi papá dejó de fumar un día y no le avisó a nadie. Puso la cajetilla encima de un mueble de la cocina y se dispuso a hacer lo mismo que había hecho toda su vida, excepto envenenarse y, de paso, envenenarnos a nosotros.  Continúa leyendo Nunca más

La excepción

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Yo no sé a quién se le ocurrió la idea, ni si fue un intento de jugar a la filatelia sin sellos de correo. Lo que sí sé es que, en medio de la escasez que definió ese tiempo desesperanzado que llamamos Período Especial, de pronto las niñas de la escuela comenzaron a guardar y coleccionar etiquetas de cualquier producto de los que se empezaron a vender en las shopping, una vez que fue legal tener dólares americanos. Continúa leyendo La excepción

Espuma

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Si dijera que durante los años más duros del Período Especial pasé hambre mentiría. No viví yo las historias del picadillo de cáscara de plátano, ni el fricasé de gato. Me enteré mucho tiempo después que para comprar una hamburguesa había que tener carné de identidad y que la gente apaciguaba el dolor punzante en el estómago con aguazuca. Continúa leyendo Espuma