Fotuto

 Fotuto

(Publicado originalmente en OnCuba)

Fue mi amiga Delicia quien me puso tras la pista del fotuto. Según ella, en su pueblo, que mantiene algunas “tradiciones” no muy políticamente correctas, persiste la costumbre de hacer públicas las infidelidades de los demás.

─ ¿Cómo dices?, ¿tocar fotuto?, pregunto con tono de ¿y eso qué cosa es?

─ Sí, a los hombres que las mujeres les son infieles y siguen con ellas a pesar de los pesares, los jodedores del barrio, por las noches, les tocan fotuto. Usan un tarro de buey o un caracol cobo. El ruido se oye lejísimo… y el que no lo sabía, se entera.

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Camilo

CamiloHoy, cuando los niños vuelven a llevarte flores al mar,

o a los ríos,

o al espejo de agua más cercano a falta del gran azul

donde un día te perdiste,

pienso otra vez que habría sido hermoso conocerte.

Que habría sido inmensamente útil para este país

tener a un hombre que sabía reír

y hacer de la broma sana

un instrumento para la simpatía y el diálogo.

Más que estrella, sol

Ella era linda, como todas las niñas de 15 años. O más. Porque no todas las niñas de 15 años son elegidas Estrella del Carnaval. A Mayda Gómez Morgado la seleccionaron en 1971, en los festejos populares de Ciego de Ávila. Con su número 31 desfiló nerviosa ante el jurado. Vestida de blanco, parecía un cervatillo a punto de emprender la escapada. Y fue entonces que dijeron su nombre.

Él ya tenía unos cuantos kilómetros de vida recorridos y varias canciones en la garganta,  cuando la vio, apenas un momento, aquella tarde en que más que estrella parecía sol, iluminando la calle principal del pueblo. Cuenta que le dijo a un  amigo, “le voy a escribir una canción a esa muchacha del traje blanco”, y el otro se echó a reir, porque si Osvaldo Hernández O´reilly (Tito) le hubiera escrito un bolerón a cada mujer que lo impresionara, tendría un record Guinnes. Seguir leyendo “Más que estrella, sol”

#Volvieron

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Solo me falta verlos para cerrar el círculo. Raúl lo ha dicho hoy y le creo. Gerardo, Antonio y Ramón ya están en Cuba.
Apenas puedo contener la impaciencia, las ganas de verlos sonriendo, con una risa limpia, de oreja a oreja, con sus muchachas colgando del cuello, con lágrimas de felicidad. Ahora sí la felicidad es completa.
Tengo a mi vera unas palabras breves que han dicho ellos, emocionados, supongo que mientras le tomaban la tensión arterial y le revisaban la rodilla a Ramón, la hemoglobina, la cicatriz de la apendicitis a Tony.
Lo primero que han dicho es gracias. Y no puedo dejar de preguntarme si no debemos agradecerles, por toda la vida, lo que han hecho. Al resistir y no claudicar no solo han apuntalado las razones de Cuba, sino que han obrado el milagro. En todo caso, gracias a ustedes, muchachos. Gracias.
Su regreso trae de vuelta, también, un poco de civilidad a las relaciones entre dos países demasiado cercanos geográficamente como para ignorarse por tanto tiempo. El futuro se está escribiendo ahora mismo y en la primera página de esa historia nueva cinco hombres inscribieron sus nombres, para siempre. También Raúl y Obama han hecho lo que tenían que hacer.
Por el momento me dejo llevar por el júbilo, la alegría incontenible de saberlos aquí, como mejor regalo de Navidad. Luego habrá tiempo de pensar con cabeza fría qué significa realmente normalizar relaciones y hasta dónde moveremos las barreras.
Anoche mi vecino Michel, a quien yo le digo cariñosamente chino, le hizo una ofrenda a San Lázaro. Estoy segura que no le pidió por los Cinco, pero el viejo Babalú debió entenderlo así cuando el chinito decía “danos padre felicidad y tranquilidad”. Amén.

Un blog para responder

Rene Gonzalez computadora

René sabe  que 16 años es demasiado tiempo. Lo sufrió en la carne, en los huesos, en las entrañas. Cuando dicen HUECO entiende perfectamente de qué se trata. René podría sentarse ahora a vivir su otra vida, la que dejó en espera aquel día que se robó un avión y simuló ser lo que no era. Pero René no quiere, no puede dejar que el tiempo siga pasando. Seguir leyendo “Un blog para responder”

Espuma

espuma

Si dijera que durante los años más duros del Período Especial pasé hambre mentiría. No viví yo las historias del picadillo de cáscara de plátano, ni el fricasé de gato. Me enteré mucho tiempo después que para comprar una hamburguesa había que tener carné de identidad y que la gente apaciguaba el dolor punzante en el estómago con aguazuca. Seguir leyendo “Espuma”

Definiciones (en tiempos del ébola)

Te digo que sí, que da un miedo del carajo pensar que se contagien; que un pequeñísimo error, apenas un desliz, pueda desencadenar el dolor,  la tristeza, la tragedia, es suficiente para multiplicar la zozobra. Seguir leyendo “Definiciones (en tiempos del ébola)”